viernes, 4 de diciembre de 2009

Salvados por la campana.


Esta expresión, que sin duda habrás oido miles de veces, tiene su origen en el sXIX, cuando no se sabia con exactitud si las personas estaban vivas o muertas antes de ser enterradas.


Determinar si los muertos estaban en realidad muertos era una desconcertante e inexacta ciencia antes de la llegada de la medicina moderna.


Pero el temor no era totalmente irracional.


A lo largo de la Historia ha habido numerosos casos de personas enterradas vivas accidentalmente y curiosas leyendas hablaban de ataúdes abiertos donde se encontraba un cadáver con una larga barba, o con las palmas de las manos levantadas hacia arriba, o destrozadas por el esfuerzo de haber intentado escapar.....


Por eso, cuando no se conocía la condición de la persona, se le enterraba con una cuerda atada a su muñeca. La cuerda subia hasta la superficie, y allí estaba sujeta a una campana. En caso de que esa persona estubiese viva, a nada que se moviese ya haría sonar la campana y podría ser rescatada por el enterrador.

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